Córdoba amanece este jueves con una noticia que cruza fronteras. Su alcalde, José María Bellido, presidirá la Organización de Ciudades Patrimonio Mundial (OCPM), y el nombramiento se hará oficial esta misma tarde, 29 de octubre, en Marrakech. Allí se celebra el 18 Congreso Mundial de una red que agrupa a urbes de todo el planeta unidas por algo tan frágil como valioso: su herencia.
La decisión se fraguó la víspera. Durante la tarde-noche del miércoles 28, los miembros de la organización votaron la renovación de su Consejo de Administración. Y el resultado no dejó lugar a dudas.
Para una ciudad que lleva siglos mirándose en el espejo de su historia, el gesto tiene algo de reconocimiento y algo de encargo. Quien conozca a Córdoba como ciudad puente de culturas y diálogo entenderá que esta presidencia no llega por casualidad.
Una candidatura sin rival en Marrakech
La propuesta cordobesa, con Bellido al frente, fue la única que aspiró a la presidencia. También la que más votos reunió en el seno del consejo. Dos datos que, juntos, dibujan un respaldo poco habitual en los foros internacionales, donde las mayorías suelen costar sudor y negociación.
El mandato se prolongará hasta el próximo Congreso Mundial, previsto para 2028. Por delante, un periodo intenso para imprimir carácter propio a la organización y dejar huella.
El nuevo mapa del consejo
Córdoba no viajará sola en esta etapa. A su lado, ocupando la vicepresidencia, estará Dubrovnik.
El resto del consejo lo completa un elenco de nombres que, leído en voz alta, suena casi a vuelta al mundo: Quebec, Angra do Heroísmo (Portugal), San Luis Potosí (México), Luxemburgo, Bruselas, Visby (Suecia), Gyeongju (Corea del Sur) y Saint-Louis (Senegal).
Europa, América, Asia y África, sentadas a la misma mesa. Diez ciudades con biografías muy distintas y, sin embargo, con inquietudes sorprendentemente parecidas. Las mismas que, en casa, mueven a quienes trabajan por preservar la memoria histórica de Córdoba.
Bellido: «Un honor y una gran responsabilidad»
El regidor no ocultó su satisfacción. A su juicio, la presidencia de la OCPM coloca a Córdoba en el sitio que le corresponde, y no solo por la extraordinaria riqueza de su legado. Bellido quiso subrayar también la labor desarrollada en los últimos años para poner en valor ese patrimonio, un esfuerzo que ahora encuentra eco lejos de casa.
«Con la presidencia de la OCPM, Córdoba se sitúa en el lugar que se merece».
Hay en sus palabras un matiz que conviene no pasar por alto. Presidir la organización, recordó, es un privilegio, sí. Pero también una carga de peso. Y la afrontará junto a un consejo en el que se sientan ciudades de los rincones más diversos del mapa, algo que, según señaló, demuestra tanto la pluralidad como la relevancia que ha alcanzado la OCPM.
No es un detalle menor. Liderar un grupo tan heterogéneo exige escuchar mucho, tender puentes y encontrar el idioma común entre realidades que, a primera vista, poco tienen que ver.
Los retos que marcarán el mandato
¿Y ahora qué? La hoja de ruta que esboza el alcalde gira en torno a dos palabras que hoy inquietan a cualquier centro histórico del mundo: habitabilidad y sostenibilidad.
Cascos Históricos para vivir, no solo para mirar
Detrás de esos conceptos late una pregunta de fondo. ¿Cómo conseguir que los barrios más antiguos sigan latiendo, que sean lugares donde se pueda vivir y no únicamente escenarios que contemplar? Bellido situó precisamente esa cuestión, la de la habitabilidad y la sostenibilidad de los Cascos Históricos, entre los desafíos que la organización deberá encarar en el futuro más inmediato.
Es, quizá, el gran dilema de nuestro tiempo para las ciudades con historia. Conservar sin congelar. Proteger sin vaciar.
Herramientas para anticiparse
El segundo frente mira hacia delante. El alcalde habló de impulsar nuevos instrumentos que permitan a las ciudades patrimonio adelantarse a los retos que están por llegar.
Anticiparse, en lugar de limitarse a reaccionar. Un matiz pequeño sobre el papel. Enorme en la práctica.
Porque los desafíos que afrontan estas urbes cambian a gran velocidad, y la gestión del patrimonio ya no puede entenderse solo como una tarea de custodia. Exige visión, coordinación y, sobre todo, la capacidad de compartir soluciones entre ciudades que, aunque separadas por miles de kilómetros, comparten preocupaciones casi idénticas.
Una ciudad que mira al mundo
Hay nombramientos que se quedan en el protocolo, en la foto oficial y el apretón de manos. Y hay otros que dicen mucho de quien los recibe. Este pertenece, sin duda, al segundo grupo.
Córdoba, acostumbrada a ser admirada por viajeros llegados de todas partes, da ahora un paso distinto: pasa a llevar el timón de una red internacional que piensa en el patrimonio como algo vivo. Es un cambio de papel elegante, casi simbólico. De anfitriona a guía.
El reto, eso sí, no se mide en titulares. Se medirá en los próximos años, en las decisiones que salgan de ese consejo diverso y en la capacidad de traducir las buenas intenciones en medidas concretas para quienes habitan los centros históricos.
Esta tarde, en Marrakech, llegará el sello oficial. Lo demás —el trabajo, los acuerdos, las decisiones— empieza mañana. Y tal vez esa sea la mejor de las noticias: que, desde Córdoba, el patrimonio empiece a pensarse también en clave de futuro.





