Día de los Muertos en CDMX
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Impactante Día de Muertos: CDMX ilumina sus calles

  • Reforma se transforma con “El Camino” y una rodada nocturna de 19 kilómetros para celebrar la tradición mexicana.

La Ciudad de México vuelve a demostrar que una tradición puede ocupar el espacio público sin perder su carga simbólica. Desde el 23 de octubre, Paseo de la Reforma acoge “El Camino”, una instalación monumental de luz y color inspirada en el universo del Día de Muertos. Y este 24 de octubre, la celebración suma una rodada ciclista nocturna de 19 kilómetros que conecta la Fuente de Petróleos con el Centro Histórico.

La escena cambia por completo cuando cae la noche. Reforma deja de ser únicamente una de las grandes arterias de la capital y se convierte en un paseo dedicado a una de las expresiones culturales más reconocibles de México. La programación oficial sitúa “El Camino” entre el Ángel de la Independencia y la Puerta de los Leones, con figuras de catrinas, xoloitzcuintles, calaveras, altares, papel picado y flores de cempasúchil.

Una tradición que gana la calle

La propuesta no se limita a colocar decoración. La instalación plantea un recorrido inmersivo que representa el tránsito entre el mundo de los vivos y el de los muertos. La luz, el color y las figuras tradicionales construyen una experiencia pensada para caminar, observar y fotografiar, pero también para reconocer símbolos profundamente asociados a la celebración.

“El Camino” permanecerá instalado hasta el 8 de noviembre. Su presencia prolonga durante más de dos semanas el ambiente de Día de Muertos y convierte Reforma en uno de los escenarios centrales de la agenda cultural de la capital.

La transformación de la ciudad conecta con otras iniciativas que han hecho de estas fechas un momento especialmente visible para residentes y visitantes. En ese contexto, ¡Qué solos se quedan los muertos! ofrece una perspectiva diferente sobre la relación entre memoria, muerte y cultura.

Reforma, entre la memoria y el espectáculo

Hay algo especialmente llamativo en llevar estos símbolos a una avenida tan reconocible. La celebración nació vinculada a la memoria de quienes ya no están y a prácticas familiares y comunitarias; ahora encuentra también un lenguaje urbano de gran escala.

Eso no significa necesariamente que una dimensión sustituya a la otra. La instalación mantiene elementos reconocibles —las flores, los altares, las catrinas o los perros xoloitzcuintles— y los convierte en parte de un paseo nocturno abierto a públicos muy diversos. El resultado es una imagen contemporánea de una tradición que, cada año, vuelve a ocupar plazas, calles y hogares.

La propia celebración plantea también preguntas sobre la relación entre tradición y turismo, como muestra Janitzio: el límite decisivo al turismo en Día de Muertos, publicado recientemente por 30 Días. enlace interno

Una noche sobre dos ruedas

La programación dio este 24 de octubre un segundo giro. Entre las 19:00 y las 23:00 horas, la Rodada Ciclista por el Día de Muertos recorre 19 kilómetros desde la Fuente de Petróleos hasta el Centro Histórico, siguiendo buena parte de Paseo de la Reforma y Avenida Juárez.

Bicicletas, disfraces y actividad nocturna se encuentran así en el mismo escenario que acoge la instalación luminosa. La propuesta amplía la celebración más allá del paseo a pie y suma una forma de participación colectiva especialmente ligada a la vida urbana.

La elección de Reforma tampoco es menor. Es una de las avenidas más emblemáticas de Ciudad de México y funciona como eje entre distintos espacios de la capital. Durante estas jornadas, ese corredor urbano concentra buena parte de la atención de quienes buscan vivir la festividad desde una perspectiva abierta y contemporánea.

Una ciudad convertida en escenario

La programación de 2026 muestra hasta qué punto el Día de Muertos puede desbordar los límites de una celebración doméstica. La ciudad incorpora iluminación, recorridos, instalaciones artísticas y actividades participativas sin abandonar los símbolos que permiten reconocer la festividad.

La propia programación oficial explica que “El Camino” busca representar ese tránsito entre vivos y muertos mediante un conjunto de elementos visuales asociados a la tradición. La experiencia funciona, por tanto, en dos niveles: como espectáculo urbano y como representación simbólica.

Ese equilibrio es quizá lo más interesante. La celebración gana visibilidad precisamente porque puede hablar un lenguaje visual muy potente, pero su atractivo no depende solo de las fotografías. Detrás de cada catrina, cada flor y cada altar permanece una idea sencilla: recordar a quienes forman parte de la memoria de una comunidad.

Ciudad de México ha decidido llevar esa memoria al espacio público. Reforma se ilumina, las bicicletas toman la noche y las calles se convierten en un gran escenario cultural. Durante unas semanas, la capital mexicana demuestra que una tradición puede crecer en escala sin dejar de reconocerse en sus símbolos. Y quizá ahí esté su mayor fuerza: en conseguir que una celebración profundamente ligada a la memoria siga encontrando nuevas formas de ser vivida.