Olivar andaluz con olivos cargados de aceitunas verdes, hierba y flores silvestres amarillas bajo un cielo parcialmente nublado.
Olivar tradicional andaluz en primavera Ph Hani Salama
Featured

Retirada de aceite de oliva: el aviso urgente del olivar

  • ASAJA Córdoba aplaude la retirada de aceite, pero exige frenar importaciones y precios que cubran los costes

La retirada de aceite de oliva ya está en marcha y el campo cordobés la recibe con alivio, aunque sin bajar la guardia. ASAJA Córdoba celebró el 6 de noviembre de 2026 la activación de este mecanismo de retirada temporal, una medida que la organización agraria venía pidiendo desde hace tiempo para impedir que un exceso de producto disponible desplome los precios en origen.

Buena noticia, sí. Pero con letra pequeña.

Su presidente, Fernando Adell, lo resume con una mezcla de satisfacción y cautela: para él, se trata de «un paso importante y necesario para ayudar a equilibrar el mercado». Eso sí, advierte de que la verdadera prueba llegará cuando se compruebe si la herramienta se traduce en rentabilidad para las explotaciones. Y en una provincia donde el aceite de oliva, ese oro verde que hasta protagoniza novelas de intriga, forma parte del paisaje y de la identidad, la cuestión no es menor.

Un mecanismo que el campo llevaba tiempo esperando

La reivindicación no es nueva. El sector productor llevaba tiempo pidiendo un instrumento capaz de frenar la caída de precios cuando la oferta se dispara. Ahora que ha llegado, la lectura de ASAJA es clara: bienvenido sea, pero hay que vigilarlo de cerca.

Una alegría con matices

«Su puesta en marcha es una buena noticia, pero no es una solución definitiva», reconoce Adell, que promete seguir con atención la aplicación de la medida. Su prioridad tiene nombre propio: que los efectos lleguen, de verdad, al bolsillo del agricultor. No a mitad de camino. No diluidos en la cadena.

Es una postura que conecta con la riqueza agroalimentaria que Córdoba exhibe con orgullo, sostenida en buena parte por hombres y mujeres que viven de la tierra y que afrontan cada campaña con una mezcla de esperanza e incertidumbre.

El pulso de las importaciones

Aquí aparece el gran pero. Para ASAJA Córdoba, retirar aceite del mercado mientras por otra puerta sigue entrando producto de fuera es, sencillamente, trabajar a medias. La organización pide que la retirada vaya de la mano de un control de las importaciones, al menos mientras la medida siga vigente.

Adell no se anda con rodeos. «No tiene sentido pedir al sector productor que retire temporalmente aceite del mercado mientras siguen entrando importaciones que pueden contrarrestar ese esfuerzo», sostiene. Y deja claro que la exigencia no se queda en una declaración puntual: la han planteado y piensan seguir reclamándola.

La lógica es fácil de entender. Si el olivarero aparta su aceite para sostener los precios y, al mismo tiempo, el hueco lo ocupan partidas importadas, el sacrificio se evapora.

Lo que cuesta cada kilo de aceite

Detrás de la reivindicación late una preocupación mucho más terrenal: llegar a fin de campaña con números que cuadren. ASAJA insiste en que el objetivo último debe ser asegurar precios en origen capaces de cubrir los costes de producción y de mantener viva la actividad.

«Detrás de cada kilo de aceite hay un año de trabajo, inversiones y gastos», recuerda el presidente de la organización. Mano de obra, energía, fertilizantes y un largo etcétera que el agricultor asume antes de ver un solo euro. Por eso, en su opinión, la rentabilidad de las explotaciones tiene que ocupar el centro de cualquier decisión.

El olivar tradicional, en el punto de mira

En Córdoba, la mirada se detiene sobre todo en el olivar tradicional y de secano. Son fincas con escaso margen para recortar gastos y, a la vez, con un enorme peso en el empleo y en la economía de muchos municipios de la provincia.

Cuando estas explotaciones dejan de ser rentables, el golpe no se queda en la linde. Se extiende, como una onda, por toda la cadena productiva.

Mucho más que una cosecha

Adell lo explica con una imagen que cualquiera que conozca la Córdoba rural reconocerá al instante. Si una explotación deja de salir a cuenta, no pierde solo quien la trabaja: también lo notan los jornaleros, las cooperativas, las almazaras y esas pequeñas empresas que giran alrededor del campo.

«Defender nuestro olivar es defender el empleo y el futuro de nuestros pueblos», subraya.

Ahí está, quizá, la clave emocional de todo este asunto. El olivo no es solo un cultivo en estas tierras; es memoria, paisaje y sustento de familias enteras.

Vigilancia y exigencia

La organización no piensa quedarse de brazos cruzados. ASAJA Córdoba hará un seguimiento minucioso de cómo se aplica el mecanismo y mantendrá intactas sus reivindicaciones. Lo que persigue es que el esfuerzo de los productores se convierta en algo tangible: un mercado más estable y una remuneración justa para quienes cuidan los olivos.

La herramienta ya está sobre la mesa. Ahora falta comprobar si da sus frutos. Porque en el campo cordobés, donde cada otoño se mira al cielo y a las cotizaciones con la misma inquietud, las buenas noticias solo lo son de verdad cuando llegan, enteras, al bolsillo de quien recoge la aceituna.