Gira Gara
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Íntimo y valiente: el álbum debut de Gara Durán

  • Doce canciones sin trucos ni enigmas: la artista canaria convierte su vida a los 27 años en un disco para caminar

¿Hace falta un concepto para contar una vida? Gara Durán responde con un primer disco que no busca respuestas: solo verdad, doce canciones y la valentía de mirarse sin maquillaje.

Hay discos que nacen con vocación de tratado y otros que aspiran a algo bastante más difícil: no mentir. El álbum debut de Gara Durán pertenece, sin ninguna duda, a la segunda familia. Se titula 'GARA', así, a secas, como quien firma una carta con su nombre de pila, y reúne doce canciones que no obedecen a un argumento cerrado. Tampoco lo pretenden. La vida casi nunca ofrece un hilo conductor impecable entre lo que nos va pasando. ¿Por qué tendría que hacerlo un disco?

La artista, que ya había descolocado a muchos con el giro luminoso de Mi loco cowboy, parece haber seguido aquel consejo que Rilke le daba a un joven poeta: vivir las preguntas antes de exigirles respuesta. Para encerrar en un solo trabajo las experiencias de una mujer de 27 años no hacían falta fórmulas. Bastaba con escuchar a las musas. Y vivir.

Gira Gara
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Un álbum homónimo que se lee como un diario abierto

Todo arranca con 'Cuál es mi destino', pregunta que es también una puerta. A partir de ahí, el amor —en cualquiera de sus formas— marca el paso, aunque la mirada de Gara se detiene en lo pequeño, en lo que no sale en las fotos: las preocupaciones más terrenales, la incertidumbre, la ansiedad por un futuro que se intuye mejor, los tropiezos propios de la madurez. Es un repaso sincero, casi a pie de calle, de lo que ha cambiado en ella durante estos últimos años.

Los adelantos ya habían dejado ver la otra cara de la moneda. En 'Placer de vivir' se cruza con Natalia Lacunza para celebrar algo tan sencillo —y tan escaso— como el hecho de ser joven, sin culpa ni coartadas. 'Mi loco cowboy', con ese estribillo que se pega a la piel, fue el que empujó este nuevo ciclo hacia otra dimensión.

'Tres Estrellas' y 'Eterno Aterrizaje': hacer las paces con el pasado

Pero el corazón del disco late más despacio. 'Tres Estrellas' aborda la pérdida de un ser querido con una pureza que desarma; no hay artificio que distraiga del duelo, solo belleza a la intemperie. Y luego está 'Eterno Aterrizaje', el focus track, donde la cantante se sienta frente a la persona que fue. No para pedirle cuentas. Para abrazarla. Mirar atrás con el único propósito de entenderse: pocas veces el pop se permite un gesto tan generoso consigo mismo.

Un disco para caminar, no para descifrar

Quien llegue a 'GARA' buscando una tesis se marchará con las manos vacías, y es justo ahí donde reside su encanto. Este es un álbum para echar a andar y sentirse reconocido por el camino. Admite, con una honestidad poco frecuente, que hay asuntos que jamás tendrán explicación y que, de vez en cuando, lo sensato es desconectar y volver al lugar donde uno fue feliz.

Ese refugio se llama 'Libélula'. Junto a 'Redada', es una de las dos piezas que la propia artista ha autoproducido, y ambas devuelven el eco de su etapa anterior: aquel pop onírico y ambiental que parecía suspendido entre la vigilia y el sueño. Proust tuvo su magdalena. Gara tiene estas dos canciones.

RYO a los mandos y Barry B en la sombra

El andamiaje sonoro lleva la firma del dúo RYO, formado por Pablo Martín y Xosé Vázquez, mientras que en la escritura asoma una y otra vez Barry B, presencia casi ubicua que se vuelve explícita en 'Una Casa en el Teide'. La canción dormía en un cajón desde hacía cinco años. Ahora despierta convertida en oda al amor, en una postal optimista que encuentra continuidad en el guiño ochentero de 'Antes de conocerte' y en la alegría sin complejos de 'Buena Suerte'.

De la nostalgia de 'Perderte' a la euforia de 'Avalancha'

El tramo final da un traspiés deliberado. 'Perderte', balada de luz tenue y regusto nostálgico, actúa como contrapunto de todo lo anterior: el optimismo que había florecido en 'Buena Suerte' se evapora de golpe. Es solo un pequeño oasis de drama, una sombra pasajera antes del estallido.

Porque el cierre corresponde a 'Avalancha', un tema upbeat donde caben muchos elementos y hasta un pellizco de folk. Está pensado para el directo, para la fiesta compartida, y en él Gara enseña una faceta que hasta ahora apenas había mostrado: menos íntima, más extrovertida, sin traicionar por ello su sonido. En la composición la acompaña St. Woods.

Blanco sobre negro: un debut sin trucos

Aquí no hay grandes ornamentos. Ni easter eggs, ni mensajes cifrados para jugar al Cluedo con la biografía de la artista. 'GARA' es, sobre todo, una observación y un camino: un aprendizaje repartido en doce canciones sobre los errores cometidos y una mirada al horizonte, hacia lo que todavía está por llegar. Que en su caso, intuimos, es mucho.

Hay obras que se escuchan como quien lee un expediente. Esta se escucha como quien abre una ventana a primera hora y deja que entre el aire, sin preguntarle de dónde viene.