¿Sabías que el riesgo de ictus casi se duplica tras la menopausia? 🧠💜 Te contamos por qué la prevención necesita mirada femenina. @worldstrokecampaign #Ictus #Menopausia #SaludFemenina #Bienestar #Actualidad #DiaMundialDelIctus #MujerYSalud #WorldStrokeDay #Revista30Dias
Diez años. Ese es el plazo en el que, tras la última regla, la probabilidad de sufrir un ictus llega casi a doblarse. El dato procede de una revisión epidemiológica publicada en The Lancet Neurology y coloca la relación entre ictus y menopausia en el centro del Día Mundial del Ictus. Una fecha que DOMMA, compañía especializada en la salud y el bienestar de la mujer en esta etapa, ha querido aprovechar para reclamar algo tan sencillo de decir como complicado de aplicar: prevenir pensando también en ellas.
Porque el cerebro femenino no envejece igual que el masculino. Tampoco su sistema cardiovascular. La caída hormonal que acompaña al climaterio trae consigo cambios que van bastante más lejos de los sofocos, y la firma insiste en que la prevención no puede seguir cortada por un único patrón. Es un debate que enlaza con otro igual de necesario, el de la menopausia en el entorno laboral y sus retos invisibles, donde la falta de información también pasa factura.
Una brecha que viene de lejos
La cifra impresiona. Lo que de verdad inquieta, sin embargo, es el escenario en el que aparece.
Durante décadas, la investigación clínica se ha levantado con muchas menos mujeres que hombres en sus estudios. El resultado es un vacío de conocimiento que todavía hoy envuelve a la menopausia y, sobre todo, a la posmenopausia, esa etapa larga y a menudo olvidada que sigue al último ciclo.
Y no hablamos de un paréntesis breve. La menopausia natural suele presentarse entre los 45 y los 55 años, así que la vida posterior puede extenderse durante varias décadas. Tiempo de sobra para que un riesgo mal vigilado termine dando la cara.
Hablar de todo ello sin tabúes forma parte de la respuesta, como ya se apuntaba al abordar el síndrome genitourinario y la sexualidad femenina en la menopausia, otro de esos capítulos que durante años se despacharon con silencio.
Qué revela la ciencia sobre ictus y menopausia
Menopausia temprana: una pista que conviene leer bien
Los números dejan poco margen a la duda. En 2024, el European Journal of Preventive Cardiology publicó un metaanálisis que reunía diez estudios y llegaba a una conclusión rotunda: las mujeres con menopausia temprana mostraban un 26 % más de riesgo de ictus isquémico.
No es una cifra menor. Es, de hecho, una de esas señales que, bien interpretadas, pueden cambiar el enfoque de una revisión médica a partir de cierta edad.
Las guías internacionales mueven ficha
La buena noticia es que el tablero ya se mueve. Ese mismo año, la American Heart Association y la American Stroke Association renovaron sus guías de prevención primaria del ictus e introdujeron, frente a la edición anterior, recomendaciones específicas según el sexo.
Entre los factores que ahora entran en juego figuran la menopausia precoz o temprana, ciertas complicaciones del embarazo, la endometriosis y algunas terapias hormonales. Detalles que antes quedaban fuera del radar y que hoy, por fin, se cuelan en la conversación clínica.
Más allá de los sofocos: la voz de DOMMA
Mireia Roca, cofundadora y co-CEO de DOMMA, lo plantea sin rodeos. A su juicio, durante demasiado tiempo esta etapa se ha reducido a un repertorio de molestias que cada mujer debía aprender a sobrellevar en solitario, cuando sus consecuencias para la salud pueden llegar mucho más lejos.
"El ictus evidencia por qué necesitamos una prevención que contemple realmente las particularidades de las mujeres", sostiene.
Su reflexión va un paso más allá. Si durante generaciones se ha sabido menos sobre la salud femenina, el reto ahora consiste en transformar ese conocimiento recién adquirido en una prevención ajustada a cada momento vital. Ni más ni menos.
Una jornada para encender el foco
Para la compañía, el Día Mundial del Ictus no debería quedarse en una efeméride más del calendario. Lo entiende como la ocasión perfecta para poner esa brecha sobre la mesa y recordar algo que a menudo se pasa por alto: el riesgo femenino no dibuja una línea recta, sino que cambia, se transforma y se intensifica a lo largo de la vida.
Ignorarlo tiene un precio. Más aún cuando se trata de una parte de la población que, durante generaciones, apenas encontró hueco en los ensayos clínicos.
Quizá la clave esté en cambiar la pregunta. No tanto qué síntomas trae consigo la menopausia, sino qué puertas abre, o cierra, para la salud de las décadas que vienen. Escuchar al propio cuerpo, conocer los antecedentes personales y hablar con naturalidad de esta etapa en la consulta son gestos pequeños. Pequeños, sí. Aunque a veces son justo los que más pesan cuando se trata de llegar a tiempo.












