¿Te cuesta volver a la rutina? 🍂 No es un trastorno: es adaptación. Una psicóloga nos da las claves para un septiembre más amable. Léelo en 30dias.es @quironsalud @cop_psicologia #SindromePostvacacional #VueltaALaRutina #SaludMental #Bienestar #Psicologia #Septiembre #EstiloDeVida #Revista30Dias #Actualidad #Quironsalud #CuestaDeSeptiembre #Rutinas
Septiembre tiene algo de telón que vuelve a levantarse. Regresan los despertadores, las mochilas escolares y las agendas llenas de citas, y con ellos una sensación que casi todo el mundo reconoce: cuesta arrancar. Lo que en la calle se conoce como síndrome postvacacional es, en la gran mayoría de los casos, una respuesta natural de adaptación y no un trastorno psicológico. Así lo subraya Marina Torres, jefa del Servicio de Psicología del Hospital Quirónsalud Bizkaia, que invita a mirar la vuelta a la rutina con serenidad.
Cansancio, desgana, irritabilidad o un sueño que se resiste a encontrar su hora son compañeros habituales de estos primeros días. Como recuerda una mirada optimista que entiende que ningún bache es permanente, los momentos difíciles también tienen fecha de caducidad, y el regreso de agosto no es una excepción.
Un reajuste lógico tras semanas de libertad
Durante el verano, horarios, compromisos y ritmo vital cambian por completo. Pasamos de levantarnos sin prisa a encadenar reuniones, clases y recados. Para la especialista, resulta perfectamente comprensible que ese salto provoque cierta resistencia interior.
El organismo, sencillamente, necesita recalibrarse. Y lo hace en un contexto que no siempre acompaña: tras un verano de temperaturas extremas, conviene recordar que el calor intenso también pasa factura a nuestra salud mental, alterando el descanso y el estado de ánimo.
Intensidad y duración, las dos claves
¿Cómo distinguir lo normal de lo que merece atención? Torres lo resume en dos variables: cuánto duele y cuánto dura. Si al principio el cuerpo protesta, pero con el paso de los días se recupera el pulso habitual, se trata de un proceso completamente esperable.
La alarma debe encenderse cuando el malestar es muy intenso, se alarga en el tiempo o empieza a entorpecer de manera notable la vida diaria.
Cuando el problema ya viajaba en la maleta
La psicóloga añade un matiz revelador. A veces, la vuelta al trabajo se convierte en la culpable perfecta de un desasosiego que, en realidad, ya estaba ahí antes de las vacaciones. «Muchas veces pensamos que la vuelta al trabajo es la causa del malestar», advierte, cuando lo que ocurre es que la rutina simplemente lo vuelve a poner a la vista.
El peso del estrés acumulado antes del verano
No todos los regresos son iguales. La capacidad de adaptación depende en buena medida de factores personales y del contexto de cada cual. Según Torres, uno de los elementos que más influye es el estado emocional y laboral con el que se cerró la etapa anterior al descanso.
Volver después de unos meses apacibles poco tiene que ver con hacerlo tras una temporada marcada por la tensión, el agotamiento o los conflictos en la oficina.
Vacaciones maratonianas, descanso a medias
La manera de vivir el verano también deja huella. Un periodo de calma y verdadera desconexión allana el camino de vuelta. En cambio, unas vacaciones frenéticas pueden jugar en contra. «En ocasiones volvemos más cansados de lo que nos fuimos», reconoce la experta.
Viajes encadenados, compromisos sociales y actividades sin tregua restan al descanso su capacidad reparadora. El resultado es paradójico: se regresa necesitando, precisamente, unas vacaciones.
Expectativas: el equipaje que conviene dejar en casa
Otro factor que agrava la sensación de desánimo es la creencia de que el verano nos devolverá renovados por completo, con la batería al máximo. Torres desmonta ese mito con delicadeza: el descanso no tiene la misión de resolver todas las inquietudes que arrastrábamos antes de marcharnos.
A ello se suma una tentación muy contemporánea, la de exprimir cada minuto libre. Viajar, llenar la agenda de planes, hacer deporte sin pausa o ver a todo el mundo acaba transformando el ocio en una nueva lista de tareas pendientes. Y esa autoexigencia, lejos de reparar, desgasta.
«Las vacaciones son una oportunidad para descansar y desconectar, pero no una especie de reinicio de fábrica»
La frase de la psicóloga encierra una invitación al realismo: disfrutar del paréntesis sin pedirle milagros.
Claves para una vuelta más amable
Para suavizar el tránsito entre la tumbona y la mesa de trabajo, la especialista propone cambiar el enfoque de fondo. No se trata solo de sobrevivir a septiembre, sino de construir un día a día más habitable.
El bienestar no debería esperar a agosto
Vivir con la vista puesta únicamente en las próximas vacaciones es una fórmula poco saludable. Torres anima a integrar en la rutina pequeños placeres durante todo el año: practicar deporte, pasear, cultivar las amistades o dedicar tiempo a las aficiones que nos hacen sentir bien.
Paciencia y un periodo de ajuste
La adaptación, insiste la experta, pide tiempo. Exigirse rendir al cien por cien desde la primera mañana es el camino más corto hacia la frustración. Lo recomendable es retomar el ritmo de forma gradual y concederse unos días de margen.
Entender la llamada cuesta de septiembre como una experiencia común y pasajera ayuda a gestionarla con más salud y a ahorrarse preocupaciones innecesarias.
Quizá el mejor consejo sea mirar el otoño con otros ojos: no como el final de algo, sino como el comienzo de una estación que también puede tener su encanto. Al fin y al cabo, la rutina no es la enemiga del bienestar. Bien cuidada, puede convertirse en su mejor aliada.









