Primeras clases en la Escuela Municipal del Carnaval
Escuela Municipal del Carnaval
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Escuela Municipal del Carnaval: el ritmo imparable de Cádiz

  • 56 alumnos inauguran el segundo curso con la percusión como primer compás, de la mano de Marta Ortiz y Violeta López

Cádiz ya suena a febrero: 56 alumnos estrenan el 2º curso de la Escuela Municipal del Carnaval al ritmo de la percusión.@carnavalcadizoficial @univcadiz @fundacioncajasol #Carnaval #Cadiz #Cultura #Actualidad #CarnavalDeCadiz #Percusion #TradicionAndaluza #Musica #Andalucia #Fiestas #Tradiciones #Educacion #Formacion #Patrimonio #CulturaAndaluza #Ocio #Revista30Dias

Cádiz ya suena a febrero aunque el calendario marque otoño. La Escuela Municipal del Carnaval de Cádiz abrió el pasado lunes las puertas de su segundo curso con 56 alumnos y alumnas dispuestos a aprender los secretos de la fiesta más querida de la ciudad. Las primeras clases llegaron de la mano de la percusión, el latido que sostiene cada copla.

Escuela Municipal del Carnaval: un segundo curso con paso firme

Hay celebraciones que se viven unos pocos días al año y otras que se respiran durante los doce meses. El Carnaval de Cádiz pertenece, sin duda, al segundo grupo. Por eso tiene tanto sentido que la ciudad cuente con un espacio estable donde aprenderlo, cuidarlo y transmitirlo, igual que se cultiva cualquier otro arte con raíces profundas. Es la misma fuerza con la que el talento andaluz sigue abriéndose camino en otros escenarios, como demuestra la sanluqueña Naike Ponce y su flamenco en libertad.

El arranque de este segundo año confirma que la idea ha echado raíces. Que una iniciativa así alcance su segunda edición dice mucho del interés que despierta, y la cifra de matriculados habla por sí sola. Cincuenta y seis personas han decidido reservar parte de su tiempo para formarse en algo que, en Cádiz, es mucho más que una afición.

Cincuenta y seis voces para una misma fiesta

Detrás de ese número hay historias distintas. Alumnos y alumnas que llegan con la ilusión de subirse algún día a un escenario, que quizá han crecido escuchando agrupaciones en casa o que, simplemente, sienten la necesidad de entender desde dentro aquello que tanto les emociona.

La escuela les ofrece justo eso: un lugar donde la pasión se convierte en conocimiento. Porque el Carnaval tiene mucho de espontaneidad, de ingenio y de calle, pero también exige oficio, ensayo y técnica. Y ese aprendizaje, como sucede con cualquier formación que abre puertas a los jóvenes andaluces, merece un espacio propio y unos docentes que lo guíen.

La percusión, primer compás del aprendizaje

No es casual que el curso haya empezado por la percusión. El ritmo es el esqueleto invisible de cualquier pieza carnavalesca: marca el pulso, sostiene las voces y contagia al público incluso antes de que llegue la primera letra. Empezar por ahí es empezar por los cimientos.

Al frente de esta especialidad se encuentran dos mujeres. Marta Ortiz ejerce como tutora y Violeta López como especialista, un tándem que acompaña a los alumnos en sus primeros pasos dentro del aula. Su presencia en la primera jornada simboliza también algo valioso: que la tradición se transmite gracias a personas concretas, con nombre y apellidos, que deciden compartir lo que saben.

"El ritmo es el esqueleto invisible del Carnaval", podría resumir el espíritu de estas primeras clases, en las que cada golpe de tambor es, en realidad, una lección de escucha, de coordinación y de trabajo en equipo.

Aprender escuchando a los demás

La percusión enseña algo que va más allá de la música. Obliga a estar atento al compañero, a respetar los tiempos y a entender que el resultado final depende de todos. Son valores que encajan a la perfección con el espíritu colectivo de las agrupaciones, donde nadie brilla solo.

Una alianza entre universidad, cultura y sociedad

La escuela no camina sola. El proyecto cuenta con la colaboración de la Cátedra de Carnaval de la Universidad de Cádiz (UCA), del Aula de Cultura del Carnaval y de la Fundación Cajasol. A ellos se suma el apoyo de la Asociación de la Cantera.

Cada uno de estos nombres aporta una mirada diferente. La presencia de una cátedra universitaria subraya que el Carnaval es también objeto de estudio y de reflexión, un patrimonio que merece ser analizado con rigor. El Aula de Cultura del Carnaval refuerza esa dimensión divulgativa, mientras que la Fundación Cajasol suma su respaldo a una propuesta cultural con arraigo en la ciudad.

La cantera, el futuro de la fiesta

Especialmente significativo resulta el apoyo de la Asociación de la Cantera. Su nombre ya lo dice todo: la cantera es el semillero, el lugar donde germinan las futuras generaciones de autores, músicos e intérpretes. Que una escuela municipal y quienes trabajan con los más jóvenes vayan de la mano es la mejor garantía de continuidad.

Esta suma de esfuerzos convierte la iniciativa en un ejemplo de cómo instituciones, entidades culturales y sociedad civil pueden remar en la misma dirección cuando el objetivo es proteger una seña de identidad compartida.

Un patrimonio que se aprende en comunidad

Lo que ocurre estos días en las aulas de la escuela tiene un valor que trasciende lo musical. Cada clase es una forma de mantener viva la memoria de una ciudad, de garantizar que el arte de hacer reír, emocionar y criticar con ingenio no se pierda con el paso del tiempo.

El Carnaval gaditano siempre ha sido una escuela en sí mismo, transmitida de generación en generación en ensayos, peñas y reuniones de amigos. La novedad es que ahora esa sabiduría popular encuentra además un cauce organizado, con docentes, programa y respaldo institucional.

Así, mientras el otoño avanza, en Cádiz ya hay 56 corazones aprendiendo a latir al mismo compás. Cuando llegue febrero y las calles se llenen de música, parte de ese sonido habrá nacido aquí, en un aula donde la tradición no se guarda en una vitrina, sino que se enseña, se ensaya y se comparte.