Durante unas horas, Madrid volvió a bajar las escaleras que conducían a su pasado más luminoso. El pasado 14 de octubre, la legendaria Xenon Callao, la sala de fiestas y discoteca que habitó los sótanos de la Plaza del Callao desde los años setenta, regresó a la vida por una sola noche. Cines Callao la resucitó como uno de los grandes guiños de su centenario. Y la ciudad respondió como se esperaba: bailando.
No fue una reapertura cualquiera. Fue un reencuentro.
Hay lugares que una ciudad no olvida aunque cambien de piel. Xenon lo hizo en 1997, cuando sus bajos se reconvirtieron en sala de cine y la pista cedió su sitio a las butacas. Casi tres décadas después, el edificio ha querido rescatar ese capítulo con una fiesta que recuperó el espíritu original del local, en la línea de otras propuestas que reivindican ese Madrid que vuelve a la memoria con orgullo y sin complejos.
Un sol artificial que nunca se apaga
La noche tenía lema, y sonaba casi a verso: «Un sol artificial que nunca se apaga». Todo giró en torno al cénit, ese instante preciso en que el sol alcanza su máxima intensidad. Difícil encontrar mejor metáfora para una sala que, en sus días de gloria, fue justamente eso. El punto más alto de la jornada, aunque se viviera de madrugada.
La escenografía no daba tregua desde el primer minuto. Espejos. Esferas. Destellos rojos y plateados que rebotaban en cada superficie y envolvían a los asistentes en una atmósfera a medio camino entre el recuerdo y la fantasía. Una puesta en escena a la altura de las noches con ritmo propio que la capital sabe regalar cuando se lo propone.
Dress code: básicos noventeros o silver glam
La invitación pedía algo más que ganas de bailar. El código de vestimenta proponía un regreso a los 90 por dos caminos bien distintos: los básicos noventeros, para quienes prefieren la nostalgia sin artificios, o el silver glam, para quienes entienden cualquier noche como una pasarela. A juzgar por el ambiente, ninguno de los dos bandos se quedó corto.
House en cabina y una pista que no se vació
La música, como debe ser, mandó. En cabina, los DJs Rubén Coronado, Paola Montaña y Pablo Nicolas se repartieron una sesión de house que sostuvo el pulso de principio a fin, con un equipo de gogós que convirtió cada tema en espectáculo.
El resultado fue el que cualquier programador sueña. La pista se llenó pronto. Y ya no volvió a vaciarse.
Rostros conocidos en la Plaza del Callao
Fuera, la celebración también tuvo su escaparate. En plena plaza, el photocall reunió a nombres del cine, la música, la moda y la cultura. Por allí desfilaron Carmen Farala, Inés de León, Téyou, Fer Valdivieso, María Escoté, Lola Rodríguez y Jedet, entre otros invitados que no quisieron perderse el regreso de un local mítico de la noche madrileña.
Esa mezcla, la de quienes vivieron Xenon en primera persona y la de quienes lo descubren ahora, fue quizá el mayor acierto de la velada. Nostalgia para unos. Novedad absoluta para otros. Emoción, al final, para todos.
Un centenario que mira atrás sin perder el paso
Xenon Remember no nació como un capricho aislado. Forma parte de un aniversario que pone el foco tanto en el pasado de Madrid como en su presente, y que entiende la memoria como algo vivo, algo que se puede bailar. Cines Callao abrió sus puertas en 1926 y, un siglo después, sigue siendo cine, por supuesto. Pero es también mucho más: espacio de eventos, de premieres, de espectáculos y de comunicación exterior.
Un icono en el corazón de la capital
Situados en la Plaza del Callao, en pleno centro de Madrid, los Cines Callao figuran entre los espacios culturales más emblemáticos de España. Los gestiona Callao City Lights, empresa del grupo que lidera Josué Reyzábal, y combinan la exhibición cinematográfica con eventos corporativos, estrenos y grandes convocatorias culturales.
Sus pantallas digitales exteriores forman parte del Circuito Gran Vía, uno de los grandes ejes de comunicación digital exterior de la ciudad. Quien haya cruzado la plaza de noche lo sabe bien: allí la luz nunca termina de marcharse.
Tal vez por eso el lema de la fiesta encajaba tan bien. Durante una noche de octubre, Xenon Callao demostró que hay soles que no se apagan; simplemente esperan, en un sótano, a que alguien vuelva a pulsar el interruptor. Y Madrid, que jamás ha sabido decir que no a una buena fiesta, estaba allí para verlo.










