Tanit película estreno marca una de las citas más esperadas del otoño cinematográfico. El próximo 18 de septiembre, las salas de cine acogen la adaptación del relato homónimo de Núria Albó, aquel libro que generaciones de lectores catalanes descubrieron en la infancia y que ahora cobra vida en la gran pantalla de la mano del cineasta Pep Garrido. Una propuesta familiar que huele a musgo, a hojarasca húmeda y a esas tardes en que los bosques parecen guardar secretos antiguos.
Un clásico que pedía ser contado en imágenes
Corría 1984 cuando Núria Albó recibió el premio Vaixell de Vapor por una historia protagonizada por una niña intrépida, una anciana solitaria y un bosque que funciona como tercer personaje. Desde entonces, Tanit se ha leído en escuelas, bibliotecas y hogares catalanes hasta convertirse en uno de esos títulos que forman parte del imaginario colectivo. Pep Garrido, que también firma el guion, ha asumido la responsabilidad de trasladar ese universo literario al lenguaje audiovisual sin traicionar su esencia.
La historia transcurre en pleno Montseny. La pequeña Tanit vive con libertad casi salvaje entre árboles y senderos porque las circunstancias así lo exigen: su madre guarda reposo por un embarazo de riesgo y la niña encuentra en la naturaleza su territorio de juego y aprendizaje. Un día, mientras busca a su perro Xuc entre la espesura, se cruza con la abuela Perona, una mujer de carácter áspero que vive aislada y a quien los vecinos miran con recelo y temor. Entre ambas nacerá una relación de aprendizaje que se verá sacudida por un acontecimiento inesperado, obligando a Tanit a enfrentarse prematuramente con la complejidad del mundo adulto.
Un cuento de brujas sin brujas
En sus notas de dirección, Garrido define la película como "un cuento de brujas sin brujas —o quizá con todas las brujas posibles—". Esta paradoja encierra la clave de su propuesta: una aventura íntima y a la vez salvaje sobre el acto de crecer, sobre la importancia de escuchar y sobre el valor de aquellas mujeres que han aprendido a mirar el mundo desde ángulos que la mayoría prefiere ignorar.
La película aborda además un tema que apenas comienza a despojarse de su condición de tabú: el duelo perinatal, el dolor por los hijos no nacidos o fallecidos poco después de nacer. Un asunto ya presente en la obra original de Albó que Garrido trata sin tremendismos, con delicadeza y luminosidad, respetando la inteligencia de un público joven al que no se infantiliza en ningún momento.
Dolça Salvans: una revelación nacida entre árboles
Si toda película necesita un corazón que la sostenga, Tanit lo encontró en Dolça Salvans Portell. El equipo de producción realizó un proceso de búsqueda extraordinario por todo el Montseny, evaluando a más de trescientas niñas hasta dar con esta pequeña de diez años que vive en Viladrau, en una masía rodeada de bosque. Su conexión natural con el entorno y una personalidad magnética la convirtieron en una elección inmediata.
La crítica especializada ya ha tomado nota. Miradas de Cine señaló que "en la mirada de Dolça Salvans hay algo que remite inevitablemente a Ana Torrent en el cine de Víctor Erice o Carlos Saura", un elogio que sitúa a la joven intérprete en una genealogía cinematográfica de enorme prestigio. La misma publicación destacó "una complejidad afectiva poco habitual" en el conjunto de la película.
Un reparto arraigado en el territorio
Junto a Dolça Salvans, el elenco refleja esa voluntad de producción de kilómetro cero que define al proyecto. Isabel Rocatti encarna a la abuela Perona con toda la aspereza y la ternura oculta que el personaje requiere. Sara Espígul y Sergio Caballero —este último como padre de Tanit— completan el núcleo familiar. Mención especial merece Núria Molas, ganadera del Montseny descubierta por el equipo mientras buscaba localizaciones y que debuta en el cine dando vida a la tía Mercè. Su presencia aporta una autenticidad imposible de fabricar en un casting convencional.
La banda sonora lleva la firma de Clara Peya, compositora que ha sabido traducir en notas musicales la atmósfera cambiante del Montseny y las emociones de una niña que descubre demasiado pronto que el mundo no siempre es amable.
El Montseny como personaje cinematográfico
El rodaje se extendió a lo largo de tres estaciones —primavera, verano y otoño— por localidades como La Garriga, Viladrau, Arbúcies, Cànoves i Samalús y Sant Celoni, en la comarca del Montnegre. Esta decisión de filmar en diferentes épocas del año no responde únicamente a necesidades narrativas: es una declaración estética que permite al espectador sentir el paso del tiempo sobre el paisaje, observar cómo cambian los colores del bosque mientras Tanit cambia por dentro.
La producción, una coproducción entre Cataluña y Valencia impulsada por Xesc Cabot desde Atiende Films y Xavier Crespo desde DACSA Produccions, ha contado con el respaldo del ICEC, el IVC, 3Cat y Àpunt. La distribución corre a cargo de Syldavia Cinema.
Recorrido en festivales y momento de la productora
Tanit celebró su estreno mundial en la sección oficial del D'A Film Festival Barcelona y ha obtenido una Mención Especial del Jurado en el Festival FicCat, además de confirmar su presencia en diversos festivales europeos. Por su parte, la productora Atiende Films vive un momento extraordinario: en paralelo al lanzamiento de Tanit, estrena en Cataluña el largometraje Apuntes para una ficción consentida, de Ana Serret.
Una invitación a ir juntos al cine
En un panorama audiovisual saturado de estímulos digitales, Tanit recupera un gesto sencillo y valioso: el de sentarse juntos en una sala oscura —mayores y pequeños— y dejarse llevar por una historia que confía en la inteligencia emocional de todos sus espectadores. El 18 de septiembre, el Montseny abre sus puertas en la gran pantalla. Solo hay que dejarse perder entre los árboles.











