Gracias José María Toro, por mil cosas. Por José Manuel Rosario

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Un gran hombre de los libros de este país, quizás poco reconocido.
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Quizás de pocas cosas pueda estar orgulloso en mi vida. Muy contadas, como se suele decir, con los dedos de una mano y posiblemente me sobran dedos; pero tengo claro, muy claro, que una de esas cosas es haber compartido muchos momentos con una de las personas más lúcidas, importantes y, también, imposibles como ha sido José María Toro Sánchez.

Contaba yo con poco más de 20 años cuando la fortuna me hizo conocerlo. Yo acababa, hacia dos años, de empezar la carrera de derecho y, desde luego no tenía muy claro que deseaba hacer.

Él buscaba montar, con su hermano Eduardo, una red comercial del mundo del libro para Andalucía y a mi, aquello, me llamó la atención y entré.

Durante año, algunos, era mi jefe. Lo veía de lejos y poco. Y no se sabe porque regla del destino, porque casualidad o causalidad, aquello llevó a mantener una relación de hermano mayor a hermano pequeño.

Durante estos años hemos compartido muchas aventuras, desventuras. Buenos y malos momentos. Pero, sobre todo, hemos compartido un profundo amor por los libros, en particular, y por la cultura, en general.

Si algo se de libros, si algo se de la cultura, puedo asegurar que es gracias a este hombre.

Aunque nació en Baena y se crio en Barcelona, su sevillanía era clamorosa, tanto como su beticismo.

Lo acompañe, aprendiendo de él, durante muchos envites profesionales. Otros los disfrute en la distancia, cuando triunfaba, y los sufría con los reveses de las empresas.

Nadie puede negar que luchó y peleó dentro del difícil mundo de la edición. De que le gustaba enseñar a todo aquel que quisiera aprender a su lado, y fuimos muchos.

Su paso como comercializador nacional, como alto cargo dentro del grupo Santillana o su Dirección editorial de Textos para Espasa Calpe en su momento, le fue sirviendo para diseñar y crear otros proyectos o ayudar a su nacimiento.

La Editorial Almuzara, y su grupo, o últimamente Guadalturia son grandes ejemplos.

De su mano, y con sus conocimientos, ayudó a que diera sus primeros pasos esta importante editorial -Almuzara-. Diseño sus conceptos de distribución, algo que adoraba, y por supuesto la búsqueda y colocación de ella entre libreros y autores.

Pero Guadalturia, ha sido, su obra más personal.

Ha plasmado y recogido todos los conceptos, las ideas, los tratamientos que alguien que sabe tanto de esto podría hacer. Nunca le importó en demasía el dinero, le importaba la amistad, le importaba el buen hacer y le importaba la satisfacción de las partes.

José María siempre ha demostrado su imparable capacidad para pergeñar nuevas ideas editoriales, para mostrar como con pocos recursos se podían hacer las cosas bien.

Su amistad te la brindaba, tu la cogías o no, jamás te obligaba a tenerla o mantenerla. Te daba tu espacio necesario, pero estaba ahí para cuando lo necesitabas.

Horas y horas en aquel “pub” de Las Rozas en Madrid, nos permitían deambular por el mundo de ensoñaciones editoriales. No hace tanto, ya en Sevilla esas ensoñaciones volaban incluso a lo radiofónico, una de sus últimas satisfacciones.

Miles de horas hemos compartido. Tanto en mi casa como en la suya, que siempre estaba abierta.

No sé si fue un hombre con baraca o no, un hombre con suerte. Lo que si está claro es que los que hemos disfrutado de estar junto a él llevamos mucho impregnado de su basto bagaje cultural y sus innumerables conocimientos editoriales.

Como persona, mejor que como editor. Como ser humano, mejor que como director editorial. Su humanidad, sus grandes y claros consejos, han permitido a muchos, o por lo menos a mi, que podamos abordar una vida desde múltiples perspectivas.

Sólo puedo decir de él, Gracias por permitirme acompañarte durante tantos años. Y sigue editando allí donde vas.

 

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